Una de las cosas que más me pueden gustar: relatos fantasmales + época victoriana + Navidad.
Y en este volumen se aúnan ambas cosas. En la segunda recopilación de cuentos victorianos de fantasmas para Navidad, editada por Minotauro, encontramos una serie de autores bastante desconocidos y alguno anónimo. Precisamente por eso me interesó, porque no eran los típicos tópicos que podemos encontrar en la mayoría de las colecciones habituales.
Hoy en día a casi nadie le suenan el ilustrador y escritor E. Morant Cox, Coulson Kernahan o Grant Allen, pero en su época tuvieron gran repercusión y afortunadamente podemos disfrutar de sus trabajos en este libro.
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| Grant Allen: divulgador cientifico, y aficionado a los fantasmas en sus ratos libres |
El origen de esta tradicción de contar cuentos de fantasmas en Navidad (que sería más lógica en otra época del año como Halloween), se debe a que entonces en Inglaterra a los isleños les gustaba reunirse para compartir este tipo de relatos. Y esta costumbre a su vez se debe al origen pagano de la Navidad. En el solsticio de invierno, también la gente se reunía para relatar historias de espíritus, al ser el día en el que más oscuridad reinaba.
Total, que las revistas de la época vieron un filón para sus números especiales de Navidad y publicaciones tan conocidas como Time, All the Year Around (editada por Charles Dickens) o London Society Christmas Number, por poner unos pocos ejemplos, publicaron algunos de los cuentos recogidos aquí.
Las fechas de los relatos van de 1842 a 1896.
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| Eliza Lynn Linton: novelista, periodista y ensayista |
¿Y qué historias nos encontramos? Pues desde la típica mansión plagada de fantasmas donde solo la protagonista los ve ("Wolverden Tower" de Grant Allen), pasando por un apartamento al lado del Museo Británico con un alquiler extraordinariamente barato, que por algo era, ("Melrose Square, número dos" de Theo Gift), casualidades de la vida que llevan a resolver crímenes ya olvidados ("Nochebuena en Beach House" de Eliza Lynn Linton), instrumentos poseídos ("El violín siniestro", Anónimo), hasta una venganza desde el más allá ("Una terrible venganza o El Fantasma del Señor Orton", Anónimo).
Ningún argumento se repite y los hay desde los más simples a otros cuyas resoluciones te dejan con la mandíbula en el suelo.
Así que si viven en un "HalloChristmas" permanente y piensan que debían haber nacido bajo el mandato de la Reina Victoria, este es su libro.



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