Mezquino, patético, de mente dispersa... ¿Cómo ha podido llamarme la atención y gustarme tanto una historia con un protagonista que se define a sí mismo de esta manera? Pues porque esta obra, ganadora del Premio de narrativa en castellano Vicente Blasco Ibáñez en 2024, es una mezcla espectacular entre una novela de terror y una novela negra, que parece que te va a llevar por un camino y acaba siendo una reflexión que no esperabas.
Primero unos datos sobre el autor: Vital Citores es un ingeniero industrial zaragozano dedicado a la docencia, al que también le gusta pintar según reza en la solapa del libro. Otras obras suyas son "El placer de ser Maldon" (1996), "La ruta de Esnábel" (2001) y "Lo que callan los niños sabios" (2005).
Dentro de lo poco que voy a desvelar del libro, porque les dejo el placer de descubrir todos los matices y recovecos de la trama, les comento que comienza con un sueño relacionado con los asesinatos de veintidós niños sucedidos décadas atrás en la zona donde vive la familia del protagonista. Inmediatamente después, nos enteramos de que este ha estado cuidando a su madre, que sufría una enfermedad grave, hasta el momento de su fallecimiento. Tres días antes de morir, una acción que en principio parece solo el desvarío de una moribunda, resulta ser un vínculo inesperado entre esos crímenes y su familia.
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| Rocas de los Moros |
La trama que así empieza deriva en una búsqueda casi frenética de respuestas en la que, en los dos días previos a la Nochevieja, vamos descubriendo historias familiares entrelazadas. Las ideas preconcebidas que el protagonista tiene de sus padres, de su tío Max (la estrella de la familia, el tipo "brillante, ingenioso y admirable" según nos lo presentan), los vecinos de sus padres... van evolucionando a una velocidad de vértigo según avanzan las horas.
La novela, en lo que a la parte familiar se refiere, se puede considerar un homenaje a los padres. Es conmovedor como vamos descubriendo que el padre del protagonista, que en un principio se describe como patético, cobarde y obsesivo, puede que no lo fuera tanto o que no lo fuera en absoluto. Y hasta ahí puedo leer.
Quizá se pregunten qué hace la foto de las pinturas de las cuevas de El Cogul en todo esto. Lean, lean "Las noches búlgaras de la mujer torcida" y lo averiguarán.
Me han encantado las referencias cinematográficas, literarias y a cómics que aparecen como "Rebeca", Poe o la revista Creepy. También quisiera comentar que, a pesar de que el protagonista se autodefine como asocial, retrata con ternura a los paisanos con los que va interactuando (muchas veces a su pesar), a pesar de sus reticencias iniciales.
Por cierto, ¿a qué viene "el sin dar más detalles" del título de esta entrada? Pues a que es la frase más repetida a lo largo del libro. Esta sería la única crítica que le haría a la obra, y resulta que es su mayor virtud: el protagonista nos quiere ahorrar datos innecesarios yendo al grano de lo que sucede en cada momento. Con los apuntes que nos da de cada situación podemos seguir perfectamente las distintas líneas argumentales y las historias personales.
Ahora, también les digo. Si hubiera ahondado en detalles y en lugar de apenas 160 páginas, hubiera resultado una trilogía de 800 páginas por tomo, yo encantada. Cuantos más detalles me hubiera dado, mejor.
Hace tiempo que no decía una de mis frases favoritas: les recomiendo encarecidamente su lectura. Si les gusta una historia perturbadora, desasosegadora, sorprendente, de estas que no pueden soltar, esta es su novela.
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