jueves, 22 de octubre de 2026

"El diablo de los ojos verdes": Emilio Carrère y su mundo


No es la primera vez que Emilio Carrère aparece en este blog. En 2018 ya protagonizó una de las entradas que más me gustó escribir.

Por poner en contexto a este escritor modernista, empezaremos indicando que nació en Madrid el 18 de diciembre de 1881 y fue hijo de madre soltera (que murió al mes de dar a luz). Inicialmente su padre no quiso hacerse cargo de él, quedando al cuidado de su abuela, aunque más tarde su progenitor se ocupó de su educación.

Poeta, autor teatral, periodista, modernista y decadente, sus múltiples amistades abarcaban desde el compositor Federico Chueca (al que conoció jugando al billar) al pintor Julio Romero de Torres, pasando por el escritor Alejandro Sawa. Influido por los poetas malditos franceses, como Verlaine, se lanzó sin red a la vida bohemia, nocturna y desordenada de los bajos fondos de Madrid, que retrataría como nadie en su obra. Se interesó por el ocultismo, espiritismo y teosofía aunque poco a poco abandonó el entusiasmo por estos temas al aplicar un "filtro" y un análisis más intelectual sobre ellos. Eso sí, donde hubiera un hecho macabro o rodeado de cualquier halo sobrenatural, ahí estaba el señor Carrère para plasmarlo negro sobre blanco.

Su afición al juego y el tener un agujero en cada mano le hizo buscar una fuente de ingresos suplementaria en el teatro. Ni por esas. Su economía no se estabilizó hasta 1929, año en que murió su padre y le dejó una sustanciosa herencia. La verdad es que poco le duró el dinero, parte de él fundido en un piso y un coche. No tenía remedio...

Criticó a la Segunda República al no estar de acuerdo en cómo se estaba desarrollando. Cuando llegó la guerra del 36 estuvo interno durante más de seis meses en un centro psiquiátrico, de manera voluntaria, para evitar ser asesinado. El bando franquista dio por hecha su muerte. Cuando empezó a sospecharse que estaba vivo, decidió refugiarse en la casa de unos amigos, donde permaneció oculto durante dos años.

Fue nombrado cronista oficial de la villa en 1943 y falleció el 30 de abril de 1947. La noche de Walpurgis tenía que ser...


En el libro que reseñamos hoy nos encontramos dos novelas muy breves (la que da título a la recopilación y "La rebelión de los fantoches") más otros trece relatos, algunos de los cuales podemos definir casi como artículos por la longitud y la temática.

En "El diablo de ojos verdes" se narran los descontroles en un convento de monjas donde se cree que tanto el cura como algunas de las monjas están poseídos. Pero tal posesión se limita a que el curita cañón se da un tour todas las noches por las celdas de las monjas más potentes dándole al fornicio non-stop. Esto por supuesto llega a los oídos de la inquisición y les montan un juicio por la vía rápida.

Mi relato favorito con diferencia es la segunda mini novela, "La rebelión de los fantoches", de la que no quiero revelar apenas nada. Me gustó muchísimo la trama y como la desarrolla para advertir a los escritores que tengan cuidado con los personajes que crean y, por otro lado, a las relaciones que puedan tener con sus fans.

El resto de los relatos y los artículos podemos dividirlos entre crónicas de sucesos, como "El chato de El Escorial", donde encontramos el retrato sicológico de un asesino con un estilo muy adelantado a su tiempo. En otros se refleja su afición por las corrientes de moda de la época como el mesmerismo, el magnetismo y las reuniones ocultistas como en "Las visiones de Amichatis". Y por supuesto, toda una colección de relatos sobre fantasmas, aparecidos y todo el "universo Poe" como en "Edgar Poe ocultista", "El oráculo de la cabeza sangrienta" o "La senda del santuario".

Los relatos recogidos en este volumen se publicaron entre 1919 y 1925 en distintas recopilaciones.

Así que si quieren pasar un buen rato con esoterismos, brujas, oráculos, endemoniados y leyendas, este es su libro. Breve y muy entretenido, ¿qué más se puede pedir?

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