sábado, 26 de mayo de 2018

Minimalismo vs Brilli Brilli





¡Qué dilema planea en mi día a día!
¡Qué duro es conciliar mi afán consumista con una mínima conciencia medioambiental!
En otra vida debí ser una urraca. Si no, no entiendo esta fascinación mía con todo lo que brilla. Tampoco es muy normal que haya sufrido el Síndrome de Stendhal en la inauguración de los dos grandes bazares del barrio (¡¡¡10.000 metros cuadrados cada uno nada menos!) Y si hablamos de adornos navideños... En su día tendrán una entrada para ellos solos.  Dame un souvenir kitsch, dame un adorno con cristalitos de colores, lentejuelas, espejitos o todo junto. Dame un objeto que se pueda poner como foto en el diccionario acompañando a la definición de abigarrado.


Qué gusto da adquirir cosas bonitas a las que quizá des un uso, quizá se queden olvidadas en un rincón, pero en ambos casos la sensación de gratificación al comprarlos es un subidón momentáneo indescriptible. Es el aquí y ahora, el verdadero carpe diem. ¿Cómo no darse ese capricho que te mereces tras trabajar tropecientas horas al día? ¿Cómo acordarse en ese momento de los recursos usados para producir la cosa inútil (o no) que tienes entre manos? ¿Quién ha sido explotado (o no) para fabricarlo? Y cuando te canses de ello, lo más seguro que sea más pronto que tarde, ¿en cuánto tiempo desaparecerá de la faz de la Tierra? ¿Dejará algún "recuerdo" no biodegradable?


No nos engañemos. Aunque afortunadamente cada vez somos más (sí, yo también poco a poco) los que nos planteamos estas cuestiones a la hora de adquirir bienes necesarios en mayor o menor medida, la gran mayoría de nosotros estamos inmersos en la vorágine de la sociedad consumista que nos ha tocado vivir. Pocos pueden evitar no dejarse llevar por las tentaciones perfectamente orquestadas a través de campañas que nos ofrecen estrenar una nueva vida, una nueva imagen o un nuevo yo cada x meses o temporadas. ¡Y lo más cachondo es que te venden como novedad tendencias y modas de forma cíclica de tal manera que la ropa de tu abuela te la colocan con la etiqueta "Vintage" y p´alante, a pagar un pastizal por lo que hace poco echaste al contenedor de la ropa para beneficencia! ¡Si lo sé me lo quedo y paso por ser la más "fashion" del barrio!


Sí, mi parte cínica y escéptica me invade en estos momentos...


Esto es un no parar, entre las inversiones a corto plazo, véase endeudarse hasta las cejas por ese viajecito a tierras exóticas por el que hemos tenido que pedir un préstamo, y lo poquito que nos duran aparatos que antes casi hasta se heredaban (¿qué fue de la lavadora de mi madre que duró décadas haciendo varias coladas al día?) es raro comprar algo y que te compense el gasto a largo plazo, a no ser que estemos hablando de un seguro de entierro...


Creo que es un buen ejercicio de reflexión ver el documental "Minimalism" de Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus. Estos dos caballeros tienen el valor de predicar, en uno de los países más consumistas del mundo (USA), la contención en la adquisición de bienes, que le demos una oportunidad al "hazlo tú mismo" y comprobar que la gratificación puede ser más intensa y duradera que el estar con el ansia viva por gastarse el sueldo del mes en el siguiente invento de la empresa de la manzanita (por un poner).


De verdad que yo lo intento. Hace tiempo que incorporé a mi vida el Método Konmari, consistente, a grandes rasgos, en deshacerte de lo que no uses o necesites. Tirar sin compasión. Ojo, que tirar también puede ser vender, donar o regalar. Tú coges por ejemplo toda tu ropa, la clasificas por clases: jerseys, pantalones, faldas... Vas seleccionando lo que de verdad usas y eso lo guardas y con el resto haces montones con lo que puedes vender, donar o regalar. Si eres un blando como yo, puedes despedirte de los objetos que te han sido útiles o que te dé pena deshacerte de ellos, pero la verdad, eso de ponerme en la mejilla unos calcetines  pasados, darle las gracias por el servicio prestado... Me convence la base del método, la parte japo-sentimental, como que no.


En definitivas cuentas, que me queda un largo camino para dejar de lado mi yo "gastón" y abrazar por completo la filosofía Zero Waste Challenge (mira que generamos basura...) y las sabias reflexiones del gran Zygmunt Bauman en su libro "Vida de consumo", brillantísimo análisis y demoledoras conclusiones sobre nuestra sociedad de consumo.


Tengo tan presente aquello del "Memento mori" que, cómo evitar entrar en esas tiendas con cosas tan brillantes en los escaparates, con unos gatos dorados que mueven un solo brazo como invitándome a pasar, o ¡¡¡lo peor!!! con maravillosos objetos relacionados con el mundo de la papelería a la vista. No puedo, no puedo, no puedo...

sábado, 19 de mayo de 2018

Momentos bizarros de la historia del videoclip I




Hay que tenerlos muy gordos para ponerse delante de una cámara y dejar para la posteridad momentos tan sonrojantes como los que vamos a empezar a enumerar en esta humilde pero sentida lista.
La mayoría de los citados (no todos) son ídolos, pero la pasión no nos ciega. La infamia es la infamia.

Welcome to my nightmare…

“Physical” Olivia Newton John. ¿De verdad era necesario? Me imagino que la encantadora Olivia se quería sacudir un poco la imagen de niña pija, noña y cursi que proyectaba en películas como “Grease” o “Xanadu”  (bueno, niña, lo que se dice niña… ya tenía una edad), pero con este engendro ridículo, cutre y presuntamente cómico y picantón no creo que lo consiguiera. Un gimnasio que era un escenario tamaño sello con dos bicicletas estáticas, unos cachas aceitosos que miraban a todos lados menos a nuestra protagonista y el típico personaje del gordito que tiene que hacer gracia por su patetismo. Qué baratito debió salir.





“Hot in the city” Billy Idol. Este es uno de los seres por los que daría mi sangre, riñones e hígado, pero los vídeos del buen Billy no han sido su fuerte en muchos casos. Eso sí, nos han dejado momentos “de gloria” como los que suceden en este clip. Mr. Idol aparece chuleándose sobre su moto, entra en su casa y le mete un puñetazo a la pared, así, sin anestesia, provocando un boquete ciertamente grande para el tamaño de su mano. A través de él podemos ver a las vecinitas traviesas de la vivienda contigua retozando toscamente. Mención especial merece el momento en que se despelota y se hace un lío para quitarse los jirones de la camisa. ¿En serio no se pudo repetir la escena para que Billy demostrara algo más de coordinación sicomotriz?




“How gonna see me now?” Alice Cooper. Mi admiración por Mr. Nice Guy está fuera de toda duda pero este vídeo… Vale que es una gansada totalmente hecha adrede, pero esa pinta en el psiquiátrico, esa carrera al reencontrase con su mujer… El mito no se cae de auténtico milagro.




“Mad World” Tears for fears. Vamos a ver una cosita. Soy la primera que fui en plan “la más moderna del patio” en el colegio (ya entonaré el mea culpa en otra ocasión) pero, aún no me puedo creer que los estilismos capilares y los bailes de Roland Orzábal fueran lo más cool en aquellos días. Menos mal que este vídeo hecho con cuatro duros mal empleados no eclipsaba una de las canciones míticas de los 80.




 - “All of you” Julio Iglesias y Diana Ross. El divino Julio, la diva Diana. No podían faltar. El comienzo no puede ser más memorable: nos presenta una fiesta en una mansión estilo Beverly Hills con cientos de invitados con un look ochentero a más no poder. La mayoría bailan al compás de la canción. Se abre la puerta y ahí está Julio. Se marca una entrada que es una gran metáfora del desembarco de Julio en el mercado discográfico anglosajón. Cruce de miradas con Diana y comienza la tortura para nuestra heroína, que a partir de ese momento va a tener que soportar un ventilador en toda la cara hasta el final del clip. ¡Zozobra! ¿Él tiene la piel más morena que ella? ¡Cielos! ¡Atención! Minuto 2:03, ella le canta y él susurra un “ummmmm” que denota una tensión sexual no resuelta, un “ummmmm” que se te clava en lo más recóndito de la conciencia, en definitiva, un “ummmmm” que te deja embarazado. Sigue el coqueteo entre protagonistas hasta el climax final cuando ella le “apierna” ya con el ventilador a todo gas.



“A flúor” Derribos Arias. Este vídeo me provoca al tiempo risa, vergüenza ajena y ternura. A lo largo del mismo se observa una profusión de dentaduras postizas en los lugares más insospechados, incluída la comida que degustan nuestros héroes. Qué asquito da. Esta manifestación de un absoluto minimalismo musical posee una letra que llega al corazón:

“A flúor, es la sensación
Que se siente después
De comer
Al lavarse los dientes
Con A-flúor”

Esta, que es la letra íntegra de la canción, se repite hasta la náusea tanto cuando están lavándose los dientes en el baño de la casa-comuna donde aparenta que viven como en unos destartalados váteres públicos. Mueve a la compasión.
Siempre estarás en nuestro recuerdo Poch.





“Papa, can you hear me?” Barbra Streisand. Aquí la “Funny girl”, que merece un capítulo aparte, alcanza un nivel de cursilería, memez y tontismo que no tiene rival. Sí, sé que no es un vídeo al uso, sino un número musical de la película “Yentl” pero tenía que sacarlo, tenía que sacarlo, tenía que sacarlo…




“Club Tropicana" Wham! Niñas de los 80, no puedo creer que ninguna os dierais cuenta desde el minuto uno al ver este vídeo que George Michael (te sigo adorando allá donde estés) era gay. ¿De verdad que viendo ese culito embutido en unos shorts ajustadísimos bajo el sol de Ibiza os pensabais que os miraría a vosotras? En serio que este caso sólo es comparable con la ceguera selectiva de los seguidores de Judas Priest. Pero bueno, el caso que nos incumbe es un clip a la par festivo y tronchante, impagable como promoción de la isla.




“Stranged” Guns´n´Roses. Cuando se tira la casa por la ventana, se tira la casa por la ventana. ¿Qué hay que hacer que Slash emerja de las aguas marinas cual Neptuno guitarrista? Pues se monta una macro piscina y una buena grúa subacuática para elevarle. ¿Qué la única terapia válida para paliar las gilip… perdón, los traumas de Axl Rose es alquilar tres delfines? Pues se alquilan y se meten en la misma piscina de la que sale Slash. ¿Un transatlántico para que Axl se tire? Se alquila. Barcas, extras, helicóperos, la sala Rainbow… megalomanía a granel para hacer uno de los vídeos más exagerados, de uno de los discos más exagerados (recordemos que los “Use your illusion” eran dos discos dobles), de la gira más exagerada con el grupo más exagerado del planeta en aquellos años. Se admite cambiar exagerado por ridículo, bueno, grandilocuente. Y lo dice una fan. (Me he quedado con ganas de comentar “November rain”. En otra entrega cae)




 "To cut a long story short" Spandau BalletQué pereza da verlo. Los primeros aburridos son el propio grupo. Con qué desgana tocan. Qué manera de hacerse los interesantes. La puesta en escena da pavor a la par que risa. ¿Cómo describir los atuendos? Mezcla de “folclor” escocés , pantalones globo ochentenos, camisas “cosaco style”, llevándose la palma el apuestísimo Tony Hadley, cuyo look imposible lo compone un Christmas jumper, o sea, un horrendo jersey con motivos geométricos invernales, una chaqueta del Coronel Tapioca a medio poner (con sólo un brazo metido) en cuya hombrera están encajados unos guantes, pantalón pesquero y una suerte de manoletinas (creo).
El escenario es una cripta alumbrada por 4 velas, más propia de la copla de Luis Candelas, con una celda lateral donde unos extras disfrazados de personajes de Dickens comparten espacio con dos góticas que bailan a su bola. Y así los cuatro minutos largos que dura el clip.
Aún hay tiempo para la traca final: Hadley se saca de no se sabe donde unos prismáticos para observar no se sabe el qué y que son la guinda absurda del pastel de un vídeo sin pies ni cabeza. Tan gran canción no se merecía semejante puesta en escena.






domingo, 13 de mayo de 2018

Decálogo Eurovisivo


¡Bueno, ya está bien! ¡Se acabó este formato de Eurovisión! No puedo por menos que ofrecer mi ayuda a la organización del festival porque esto ya ni cubre las mínimas expectativas, ni merece las buenas perras que me gasto votando en las semifinales y en la gala final año tras año. Dicho lo cual, propongo este decálogo que he elaborado con las normas necesarias para preservar las esencias del festival. A saber:

 1. Los intérpretes deberán cantar en la lengua vernácula del país al que representen.
 2. Los representantes tendrán que ir ataviados con algún traje regional de su país.
 3. Prohibidas las pantallas gigantes y los efectos visuales o pirotécnicos.
 4. Obligatoria orquesta en directo.
 5. El director de la orquesta será aportado por cada país.
 6. Obligatorio cantar en directo (de verdad, no como ahora).
 7. Prohibidas las alas de ángel en las indumentarias.
 8. En primera fila siempre estará presente una bandera española en la que ponga "Potes".
 9. Si la actuación cuenta con coreografía, que se ejecute un baile típico del país correspondiente. 
 10. Prohibido el voto popular telemático. Las puntuaciones las decidirá un consejo de ancianos sabios de cada país que participe en la edición.

Y a continuación presento un listado de países con los intérpretes que deberian representarlos ad aeternum:

-       Grecia: Nana Mouskouri
-       Suecia: Ace of Base
-       Dinamarca: King Diamond
-       Armenia: System of a Down
-       Finlandia: HIM
-       Luxemburgo: Baccara
-       Moldavia: O-Zone
-       Noruega: A-HA
-       Suiza: Tina Turner (sí, tiene nacionalidad suiza)
-       Holanda: Padre Abraham
-       Irlanda: The Pogues

Y por “The Big Five”:

-       Inglaterra: Morrisey. El ínclito ex cantante de The Smiths es un fan declarado del festival y lleva años clamando por representar a la Pérfida Albión. Es justo y necesario para corregir una injusticia histórica y devolver el brillo y esplendor de “Guayomini” en ediciones pretéritas.

-       Alemania: David Hasselhoff. Sería un honor para The Hoff que su segunda patria sentimental le escogiera para tan alto honor. Eso sí, tendría que cantar el gran éxito “Looking for freedom”, canción que lo petó en Alemania durante la época de la caída del muro. Obligatorio en la interpretación llevar la chupa de bombillas que se iluminaban cuando cantaba el tema en directo.

-       Francia: Georgie Dann. Imprescindible la presencia de este músico de conservatorio, intérprete de jazz, multiinstrumentista y padre espiritual de la canción del verano.

-       Italia: Romina y Albano. Aprovechando su reciente reencuentro auspiciado por un magnate ruso, rogamos encarecidamente que la pareja que tantas noches de gloria nos dio en los programas de José Luis Moreno, tenga su tercer momento de gloria en Eurovisión. Eso sí, al igual que el ruso les ofreció un cheque en blanco para que cantaran en su cumpleaños, cada ciudadano eurovisivo debería donar 1 céntimo para poder pagar el caché del dúo.

-       España: Paquito Clavel. Desde el “Twist del autobús” siempre he deseado que el cutre-lux de Francisco Miñarro López se alzara con el trofeo eurovisivo. ¿Nadie se ha dado cuenta? Tiene la imagen, el salero, el desparpajo, la gracia y las canciones perfectas para llevarnos de calle a los más acérrimos eurofans. Vamos a dejarnos de operaciones fallidas y apostemos por valores seguros con criterio y solera.

Ahí queda eso. Pedazo de festival sería.
¡Ojo! Algunas de las propuestas del decálogo fueron costumbres habituales hace décadas en Eurovisión.

sábado, 12 de mayo de 2018

Festival Punk Benéfico en Hortaleza


Qué fantástica noche pasamos ayer en la mítica sala Filigrana´s. Pionera en organizar conciertos punk en el distrito de Hortaleza, una vez más nos brindó la oportunidad de disfrutar de bandas noveles y veteranas en un festival a beneficio de… Bueno, no tenemos muy claro quién se beneficiaba de este tinglado, los grupos para mí que no.

El cartel prometía emociones fuertes: los desconocidos Kalostro, venidos de Getafe Sector 3, los Loro Viudo, de Villaverde, con un público cada vez más numeroso, y los Retortijón, que jugaban en casa presentando su nuevo trabajo “Manifiesto rijoso”.

Daba gusto la mezcla de generaciones que se dieron cita. Las huestes de Kalostro, los seguidores variopintos de Loro Viudo y los fans de toda la vida, amigos y familiares (¡hasta algún nieto!) de los Retortijón. Un público entregado dispuesto a gozar con todos los sentidos de la descarga que se avecinaba. El ambiente se fue caldeando con los temazos de los grupos que sonaban de fondo antes de empezar: The Exploited, U.K. Subs, GBH, Dead Kennedys… hasta que Ramiro, dueño y señor de la sala desde que se inauguró, anunció el primer grupo en actuar: Kalostro.

Los getafenses rompieron el hielo con cuatro temazos de apenas dos minutos cada uno. No tenían más repertorio. Podíamos decir que el sonido dejó quizá algo que desear, no llegamos a apreciar en su totalidad las letras que Avelino se esforzaba en… cantar. Ganas al grupo no le faltaron.

Loro Viudo no decepcionó. Con esta mezcla de influencias (Tijuana in Blue, The Clash, Banda Trapera del Río, Buzzcocks) nos hicieron saltar y marcarnos un pogo del que unos salimos más magullados que otros. Genial corear temas de su recopilatorio “Canciones pá olvidar” como “Indigno de tu hedor”, “Orgullo kafre” y “Kostra Brava”.

Tras media hora intensísima con los Loro, estábamos preparados para recibir como se merecían a Retortijón. Veteranísimos en estas lides, nos rompimos las manos a aplaudir cuando apareció en el escenario Hez, su líder. Esa mezcla entre Iggy Pop y G.G. Allin cañí no deja nunca indiferente a nadie y desde que agarró el micro se ganó al respetable con su grito de guerra: “¡¡¡Otro día perdido, bastardoooooosssss!!!”, dando el pistoletazo de salida al intercambio clásico de lapazos entre público e ídolo. Da gusto ver como Esquizo, bajista heredero del mismísimo Sid Vicious, y Kampestre, en su eterno homenaje a Johnny Thunders, no han evolucionado nada musicalmente en estos últimos 30 años. Fieles a su estilo, los nuevos temas de “Manifiesto rijoso” no tienen nada que envidiar a los de su primer LP “Osario flotante”.

Invito a Jim Jarmusch a que nos visite y se marque con Retortijón otro documental tan recomendable como el que hizo sobre los Stooges, “Gimme danger”. Le sorprendería los paralelismos entre la banda de los Hermanos Ashenton y las hazañas de Hez y sus secuaces.

Increíblemente accedieron a hacer un bis y con las versiones que se marcaron del “EMI” de los Sex Pistols, “Jesucristo García” de Extremoduro, “Pet sematary” de Ramones y “Un papel morao” de Manolo Kabezabolo nos hicieron llorar, aún no sabemos si de la emoción o de la pena por su ejecución (literal).

En resumidas cuentas, tres euros perfectamente empleados. Todo el personal se volvió a casa agradecido, emocionado y empapado de sudor, gapos y cerveza. Noche de gloria.


PD.- Los lectores más avezados se habrán dado cuenta de que este festival nunca llegó a celebrarse. Ha sido una excusa perfecta para homenajear a algunos de los solistas y grupos punkis que nos han alegrado la existencia. Han quedado mil en el tintero, así que espero que la sala Filigrana´s vuelva a celebrar otro evento a no mucho tardar…

Los grupos Kalostro, Loro Viudo y Retortijón son imaginarios, pero me he inspirado en algunas bandas punk reales (en el sentido menos monárquico del término) como Pota Potaje, K-rroña de uña, Arroz con Kostra, The Arkadas o De Vientre.

sábado, 5 de mayo de 2018

Mitomanía: una razón para vivir


Toda la vida he escuchado aquello de que, antes de morirse, hay que plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Lo del árbol pase. Aunque hice una carrera de ciencias muy relacionada con la naturaleza, lo mío son los experimentos de laboratorio. Escribir un libro es lo que más me convence y lo del hijo… Siempre supe que no iba a dejar a nadie en este valle de lágrimas.

Porque hay un concepto que supera tanta fruslería y tanto lugar común: la mitomanía. Cuando una nace mitómana porque lo lleva en los genes (gracias a Dios todo poderoso no heredé la admiración hacia Barbra Streisand), no hay nada como la adoración a un ser superior pero de carne y hueso, elevarle a los altares, darlo todo por él y perder las formas y maneras si es que tu sino es encontrarte cara a cara con él, como me pasó a mí:

1987. Viernes por la tarde. Desvié mi camino hacia la facultad aquel día para pasarme por un VIPS a pillar una revista con letras extranjeras donde salía Bowie. Desgraciadamente el ejemplar en cuestión estaba en la última estantería y no me caracterizo por tener  una gran altura, con lo que, educadamente, le pedí al caballero que tenía al lado si podía alcanzármela. Muy educadamente me dijo que sí y ahí fue cuando se nubló todo.

Desde la salida del disco “Muñeca hinchable” había sido fan de la Orquesta Mondragón. Siempre me encantó el histrionismo de Javier Gurruchaga, y no me perdía nunca su sección en “La cuarta parte” en la inolvidable “Bola de cristal”. Y ahora era él el que me acercaba la revista que pasó a un segundo plano, por no decir que ya no me importaba nada, cuando me di cuenta de quién era.
Como buena siniestra/gótica que era entonces, con una voz queda e intentando controlar los nervios le comenté: “¡Anda! ¡Si eres Javier Gurruchaga! Perdona, no te había reconocido (¡falsa!). Te sigo desde tu primer disco. ¿Me puedes firmar un autógrafo? Sólo tengo el cuaderno de las prácticas de Física, que las tengo esta tarde”.

Amabilísimo me dijo que sí y, mientras estampaba su nombre en la práctica de la difracción de la luz (o cosa semejante) no tuve más feliz idea que pedirle: “Javier (qué confianza), haz que tus padres se reconcilien”.
El buen hombre se quedó pálido y me preguntó “¿Cómo? ¿Qué les pasa a mis padres?” a lo que rápidamente respondí con los nombres de los progenitores que él mismo interpretaba en la Bola de Cristal, Cayetana y Gregorio, personajes que se llevaban fatal. Se echó a reír y ni me acuerdo lo que me contestó pero fue de lo más simpático y divertido.

Me despedí de él y lo único que recuerdo es que iba tan fuera de mí que me confundí de metro para llegar a clase y entré por la puerta de la facultad como un Mihura gritándoles a mis compañeros: “¡¡¡¡Javier Gurruchaga me ha firmado un autógrafo!!! ¡¡¡¡Javier Gurruchaga me ha firmado un autógrafo!!!”. Inenarrable. Qué considerados mis colegas con su respetuosa acogida, dándome la enhorabuena. Qué buena gente.

Corría el otoño de 1993 cuando emocionada, o sea, absolutamente histérica, me dirigí a la sala Galileo para ver el concierto de Duff Mckagan que presentaba su álbum “Believe in me”. En la vorágine de empujones, gritos y sudores en la segunda fila donde me encontraba, me cayó en pleno rostro uno de los múltiples lapazos que el bajista reconvertido en “cantante” lanzaba con generosidad en su actuación. ¿Cabe mayor éxtasis? No para mí.

Años más tarde (2002), en la cubierta de Leganés, me dirigí a ver por primera vez al ser al que había seguido desde chiquitita. Conocí la música de Alice Cooper antes que la de los Beatles, con lo que el alborozo que me embargaba por verlo cara a cara era indescriptible.

Y él también me vio, vive Dios.

Qué escándalo no montaría desde la segunda fila que, al cumplir su ritual de regalar su bastón me lo dio personalmente a mí. Sinceramente, me lo merecía. No sólo por el entusiasmo con el que colecciono aún hoy su material discográfico y de otra índole, si no porque nadie cantó “Trash” con el desgarro y el poderío con el que lo berreé aquella noche mítica. Y si sólo hubiera sido “Trash”…

Llegamos a 2014. Felipe VI acaba de ser proclamado rey de España pero en esas fechas mi rey particular desembarcaba por fin en Madrid. Tras décadas de espera, los fans de Rob Zombie pudimos disfrutar de su concierto aquí. En un momento dado del concierto cogió una especie de foco y se puso a andar por las barras de la sala La Riviera hasta llegar al fondo donde me encontraba. Se paró delante de mí y me cantó "School´s Out", ¿de quién? de Alice Cooper.
Nunca sabré porqué se paró tanto en esa zona. ¿Le llamaron la atención mis alaridos? ¿La preciosa camiseta de los Munsters que lucía esa noche? ¿Una tía buenísima que tuviera al lado y de la que obviamente no me percaté? Da igual. En mi recuerdo quedará para siempre que Rob Zombie me cantó en la cara una de las canciones más míticas de la historia del Rock.

Un tiempo después, en el enésimo concierto al que asistí de Peter Murphy se obró el milagro. Era inevitable que esa criatura elevadísima se fijara en la señora que, visita tras visita a Madrid, se desgañitaba en primera fila, se sabía todas las canciones y aplaudía a la velocidad que sólo lo hacen los públicos de las películas antiguas (¿alguien se ha fijado a la velocidad que aplauden en las actuaciones de las pelis de Antonio Molina y similares?). Total, que en un momento dado se agachó, compartió el micro, le cogí de las manos y nos marcamos unas frases de “Subway”. ¿Fascinación? ¿Delirio? No, simplemente, ya me puedo morir tranquila.

Conclusión: nada como ser fan fatal para disfrutar de experiencias místicas. Días enteros en la puerta de un hotel para no ver a tu ídolo, horas y horas y horas tirada en la calle esperando a pillar el mejor sitio en un concierto para que, como me sucedió en el primero de Slipknot en Madrid, me echaran a los 2 minutos exactos fuera de las primeras filas a patada limpia o esperar 8 horas tumbada/tirada en la calle Preciados a que el Reverendo Manson contestara unas preguntas de los fans a las 12 de la noche en la FNAC. Sí señor, una vida plena.

martes, 1 de mayo de 2018

Mi década


Por la fecha de mi nacimiento, en la adolescencia pensé que mi década serían los ochenta. No podía haber nada mejor que convertirse de moderna en siniestra y de siniestra en gótica. ¿Había algo más allá?

¡De ninguna manera!

¡Vaya niñata! Encerrada con sus libros y su música, no le hablaras de nada que no fuera Alice Cooper, Bowie, Reed, Iggy Pop, The Cure, Bauhaus, la movida… Spandau Ballet, Duran Duran o Soft Cell si tenía un día bueno. De la música heavy ni hablemos y menos de los que se convirtieron en los número uno del planeta a finales de aquellos años: Guns´n´Roses. Olvídate de comedias que no fueran las de Almodóvar. ¿Ozores? ¡Ordinarieces para el vulgo! ¿Stallone? ¿Van Damme? ¿Schwarzennegger? ¡Pero qué horror!

¡Qué divina ella!
No imaginaba lo guasón que puede llegar a ser el destino.

La carrera la empecé en los ochenta, los primeros conciertos, en los ochenta. El descubrimiento del mundo literario y musical, en los ochenta. Total, que el 31 de diciembre de 1989 la pena me embargaba (claro, que decir eso en un gótico es una obviedad), decidí que mi década se había terminado y la canción con la que me quedaba de todas las miles de tonadas que había devorado durante esos diez años era “Faith” de The Cure.
La alegría de la huerta…

Aquella criatura que se regodeaba en sus penas cósmicas no sabía que lo mejor estaba por venir.

Y empezaron los noventa. Y terminé la carrera. Y empecé a trabajar.
No me podía ni imaginar lo que me quedaba por conocer. Haciendo una rápida miscelánea de aquellos primeros años de esa década, en la memoria se agolpan los preparativos de las Olimpiadas de Barcelona, la expo de Sevilla (¡Esos pabellones incendiados! ¡Ese pobre ser con un contrato de un día para meterse dentro del traje de Curro ahogándose en el Guadalquivir en la inauguración! ¡Qué imagen icónica totalmente representativa de tan magno acontecimiento y época!), los fines de año con Martes y 13, “Al Ataque” (bendito Arús, los momentos de gloria que nos dejaste con el mechero de la Sole, Carlos Jesús, el guardián de las obras de la casa de la Preysler…)… ¿Pero qué había pasado? La estúpida gótica carente del sentido del humor se debió dar un golpe muy grande en la cabeza y un buen día amaneció con los Use your Illusion I y II bajo el brazo, dispuesta a pasar tardes de gloria en la sala Sukursal. De salirse del cine del barrio cuando era adolescente y echaban programas dobles tan imposibles como “Excalibur” con “Qué gozada de divorcio”, “Yo, Cristina F” con “JR contraataca” o “Lady Halcón” con “Porky´s” (obviamente me iba cuando empezaba la segunda cinta, mirando al resto de espectadores por encima del hombro), a coleccionar todas las películas de Pajares y Esteso juntos y por separado. ¡Y qué decir del gusto que le cogió a los “rockys”, “terminators” y películas de mamporros con mazados!  ¿Había renegado de sus principios? ¡No! ¡Se mezclaron con los gustos anteriores creando un cocktail explosivo!

Avanza la década y llega la segunda revolución: Nine Inch Nails y Marilyn Manson. ¡Ya éramos industriales! Y nos independizamos. Y volvimos a casa. ¡Hasta nos hicimos death-metaleras!
A las lecturas de Orwell, Hemingway y Delibes, que fueron protagonistas en la década anterior, se unieron Nietzsche, Anne Rice, Terenci Moix… ¿Y qué pasó el 31 de diciembre de 1999? Pues que me pilló trabajando con unos jefes aterrorizados por el olvidado efecto 2000 (Y2K) y ni me paré a pensar que ahí sí que se terminaba mi década favorita.
¡Ojo! Los 2000 trajeron más escritores, compositores, cineastas… Ampliamos como nunca nuestro espectro cultural pero ¡ay amigos! Por mucho internet que haya ahora… que me perdonen los millenials (bueno, me da absolutamente igual que me perdonen o no), nada puede superar a esos hermanos Guerra, ese “Terminator II”, el comienzo de las teles privadas con esa programación bizarra, el Pressing Catch, “Humor Amarillo”, “Contacto con tacto”, ese conciertazo de Manson en La Riviera en el 97 o esas visitas a la ya desaparecida librería “El Aventurero”.

PD.- ¿La canción de los noventa? “Hurt” de Nine Inch Nails. Si es posible, la versión de Johnny Cash.
La alegría de la huerta.
Quien tuvo, retuvo.


Declaración de intenciones

Bienvenido a mi blog.

En él encontrarás una mezcla de reflexiones personales, recomendaciones culturales (incluida mucha cultura basura) y cualquier otro asunto que sea digno de mención. 

Por fin unos cuantos datos inútiles acumulados durante años en mi cabeza van a ver la luz en formato digital.

Sin orden ni concierto.

No estoy especializada en nada.