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viernes, 23 de enero de 2026

"Cuentos victorianos de fantasmas para Navidad 2"

 


Una de las cosas que más me pueden gustar: relatos fantasmales + época victoriana + Navidad.

Y en este volumen se aúnan ambas cosas. En la segunda recopilación de cuentos victorianos de fantasmas para Navidad, editada por Minotauro, encontramos una serie de autores bastante desconocidos y alguno anónimo. Precisamente por eso me interesó, porque no eran los típicos tópicos que podemos encontrar en la mayoría de las colecciones habituales.

Hoy en día a casi nadie le suenan el ilustrador y escritor E. Morant Cox, Coulson Kernahan o Grant Allen, pero en su época tuvieron gran repercusión y afortunadamente podemos disfrutar de sus trabajos en este libro. 


Grant Allen: divulgador cientifico,
y aficionado a los fantasmas en sus ratos libres

El origen de esta tradicción de contar cuentos de fantasmas en Navidad (que sería más lógica en otra época del año como Halloween), se debe a que entonces en Inglaterra a los isleños les gustaba reunirse para compartir este tipo de relatos. Y esta costumbre a su vez se debe al origen pagano de la Navidad. En el solsticio de invierno, también la gente se reunía para relatar historias de espíritus, al ser el día en el que más oscuridad reinaba.

Total, que las revistas de la época vieron un filón para sus números especiales de Navidad y publicaciones tan conocidas como Time, All the Year Around (editada por Charles Dickens) o London Society Christmas Number, por poner unos pocos ejemplos, publicaron algunos de los cuentos recogidos aquí.

Las fechas de los relatos van de 1842 a 1896.

Eliza Lynn Linton: novelista,
periodista y ensayista

¿Y qué historias nos encontramos? Pues desde la típica mansión plagada de fantasmas donde solo la protagonista los ve ("Wolverden Tower" de Grant Allen), pasando por un apartamento al lado del Museo Británico con un alquiler extraordinariamente barato, que por algo era, ("Melrose Square, número dos" de Theo Gift), casualidades de la vida que llevan a resolver crímenes ya olvidados ("Nochebuena en Beach House" de Eliza Lynn Linton), instrumentos poseídos ("El violín siniestro", Anónimo), hasta una venganza desde el más allá ("Una terrible venganza o El Fantasma del Señor Orton", Anónimo). 

Ningún argumento se repite y los hay desde los más simples a otros cuyas resoluciones te dejan con la mandíbula en el suelo.

Así que si viven en un "HalloChristmas" permanente y piensan que debían haber nacido bajo el mandato de la Reina Victoria, este es su libro.

jueves, 5 de septiembre de 2024

Empieza la "Spooky Season": una de fantasmas



¿Pero qué me dices? ¿Fue este el autor que acuñó el mítico, a la par que denostado, típico tópico comienzo de "Era una oscura y tormentosa noche..."?

No sabía quien era el escritor que tantas burlas había cosechado por ello hasta que me informé sobre el autor del relato que les traemos hoy. Venga, un poquito de "güiquipedia" para situarnos: Edward Bulwer-Lytton nació en Londres el 25 de mayo de 1803. Pobre no era, ya se lo digo yo. Niño precoz talentoso sí. Niño porculero, también. 

Sus primeras incursiones literarias comenzaron en 1820. En 1822 ingresó en el Trinity College en Cambridge y ganó su primer premio por una obra poética en 1825. Se pasó un rato en el ejército tras licenciarse en la universidad y, ¡ay! se casó con una moza a la que su madre no podía ver ni en pintura y, ¡ay!, la creadora de sus días le retiró su asignación económica. Ya les dije que no era pobre. ¿Resultado? Tuvo que ponerse a trabajar. (Nota: el matrimonio acabó como el rosario de la Aurora. Su exmujer se dedicó a ponerle a caldo en una novela en la que le caricaturizó. Como ven, no es nuevo que las mujeres facturen en lugar de llorar).

Total, que este dandy se puso a hacer lo que mejor se le daba: escribir. Fue poeta, novelista, dramaturgo, periodista y hasta político. Y ojo que en su día vendió tanto como Dickens, pues tal era su popularidad. De hecho fue un gran amigo del maestro Charles hasta tal punto de que Edward fue el padrino del décimo hijo de Dickens y se llamó igual que él.
 
Eduardo tocó muchos genéros como he enumerado antes: novelas de alta sociedad, de policías y ladrones, históricas, filosóficas y de fenómenos sobrenaturales, como el relato que hoy nos ocupa. Como tantos en su época, Bulwer-Lytton estaba interesado en el ocultismo y perteneció a sociedades secretas y esto ya nos ayuda a enlazar con el relato que, sin más preámbulo, pasamos a comentar.

Qué victoriano él

"The Haunters and the Haunted" o "The House and the Brain", son los títulos con los que podemos encontrar "La casa y el cerebro". Considerada como una obra esencial en el género sobrenatural, fue publicada en 1859. Posteriormente se volvió a editar pero en otra versión más reducida, con una parte final eliminada por el propio autor.

¿Y qué encontramos aquí? Pues un clasicazo: una casa encantada, que aquello es un no parar de fantasmas. Los inquilinos de esta mansión en Oxford Street (Londres) no le duran al arrendador ni tres noches, pues las escenas aterradoras que se suceden sin parar en el inmueble echan hasta al más templado de este Airbnb versión poltergeist. ¿A todos? Pues no. Un aguerrido caballero decide instalarse en la casa, asegurándole al dueño que se quedará hasta descubrir lo que realmente sucede, pues está convencido de que los fenómenos tienen una causa que se puede explicar racionalmente.

Y allí que se muda con su criado (que va de chulito como su señor pero no aguanta ni el primer asalto fantasmagórico), y desde el minuto uno empiezan a ver las manifestaciones de los habitantes del "universo paralelo" de la casa: huellas de pisadas infantiles en un patio mojado justo delante de ellos, cuando allí no hay niño ni hay "ná", mobiliario que se mueve sin que nadie lo empuje, puertas que se cierran y abren solas, lucecitas de colores que no se sabe de donde han salido, aparecidos, sombras gigantescas... Vamos lo típico. Parece que todo parte de una habitación concreta. Así que el protagonista se concentra en investigar hasta el último recoveco de la misma para llegar al origen de todos estos fenómenos. Y hasta aquí puedo leer.
 
La verdad es que el relato es de lo más entretenido y sientes curiosidad por saber si la racionalidad y el "método científico" consiguen aclarar el follón sobrenatural de la casa. Me gusta mucho la distinción que establece el protagonista entre los conceptos de horror y miedo, para justificar el motivo por el que él no sale corriendo de la mansión a las primeras de cambio. La resolución me gusta, más por la parte estilística que por la racional, pero oigan, que esto es una historia de fantasmas, no un tratado de física aplicada.

Léanlo por favor, que es breve y una perfecta compañía para una tarde otoñal.

Por cierto, con respecto a la frase que acuñó Bulwer-Lytton con la que comenzaba esta entrada, pues qué quieren que les diga... ¿Hay algo mejor para una gótica que una oscura y tormentosa noche? Pues ya les digo yo que no.

viernes, 18 de diciembre de 2020

Cuentos de Navidad victorianos


 ¡Cómo no iba a haber una referencia a mi literatura favorita estas Navidades! Cuentos + época Victoriana + Navidad = ecuación perfecta.

Este año me gustaría recomendar este volumen de cuentos de autores imprescindibles: Mr. Dickens, Anthony Trollope, Charlotte Riddell o el mismísimo Arthur Conan Doyle se encuentran entre los que aparecen en la recopilación.


Conan Doyle. Respect


Los cuentos más destacables en mi humilde opinión son:

- "La historia de los duendes que robaron un sacristán" (1836) de Charles Dickens. Auténtico precursor del archiconocido "Cuento de Navidad", este relato narra las tribulaciones de Gabriel Grub, sacristán/enterrador de su pueblo, un verdadero mala virgen que rivaliza con el Grinch en su odio y desprecio a la Navidad. Hasta que unos duendes burlones se cruzan en su camino y le intentan hacer cambiar su opinión con unos métodos poco ortodoxos.

- "La rama de muérdago" (1861) de Anthony Trollope. Qué delicia volver a encontrarme con este autor, desgraciadamente poco conocido hoy en día a pesar de la fama que tuvo en su día. En esta ocasión la historia versa sobre una auténtica pavisosa que, por orgullo, no quiere casarse con su prometido y no se decide a decírselo. A ver, que si a la chica no le apetece casarse está en su absoluto derecho pero mujer, ¡qué el chiquillo es muy majo! 

- "Un extraño juego navideño" (1868) de Charlotte Riddell. Guau, pedazo de historia de una casa encantada recibida en herencia por un artista y su hermana. Descubren la traición en un duelo de un antepasado y hasta ahí puedo leer. Quizá este cuento sea más "gótico" que navideño, con lo cual su valor se duplica, dado que me vale tanto para estas fechas como para Halloween.


Charlotte Riddell. No solo escribía
historias de fantasmas


- "Una nochebuena trepidante (o Mi conferencia sobre dinamita)" (1883) y "La aventura del carbúnculo azul" (1892) de Arthur Conan Doyle. Fabulosas las dos aportaciones de Conan Doyle. El primero trata de las tribulaciones de un científico que, aparte de médico, investiga sobre explosivos y es secuestrado por una banda de malhechores durante una conferencia. El segundo tiene como protagonista al gran Sherlock Holmes, en una historia tan entretenida como divertida sobre un ganso que tiene en sus tripas un rubí azul.

Y estos son solo los cuentos que más me gustan. Hay más para descubrir y que les invito encarecidamente que las lean. ¡Para leer solos o a un auditorio de oídos ansiosos de escuchar historias navideñas originales! ¡Anímense!


viernes, 19 de julio de 2019

Ahora lo entiendo todo: la literatura victoriana



"A veces los lectores viven en un mundo paralelo y a veces imaginan que ese mundo entra en la realidad"
("El último lector" Ricardo Piglia)

Este es mi caso.

Mi mejor amiga vive en la Pérfida Albión y una discusión constante con ella es la visión tan distinta que tenemos ambas de los orihundos de la isla. Para mí Inglaterra es la tierra de la educación, los modales exquisitos, el té de las cinco, la caballerosidad, la familia real, un Regreso a Howards End, un Kenneth Branagh... Y su visión es la de This is England, Ken Loach... ni de lejos tan idílica como la mía. Hasta se emperra en contradecirme con lo del té de las cinco: me destroza el mito indicando que los ingleses lo beben a cualquier hora...

Total, que tras años de confrontación y ante estas convicciones radicalmente opuestas con respecto al mismo país me preguntaba qué me había llevado a hacerme semejante opinión idealista sobre los ingleses. Y este año, para gran alegría y descanso mental personal, lo he descubierto: la literatura victoriana. Tras revisar una lista que encontré accidentalmente de los mejores libros de la época en cuestión, me di cuenta que la mayoría de esos clásicos los había leído en mi adolescencia por lo que me había forjado un criterio absolutamente influido por las hermanas Brontë, Bram Stoker, Oscar Wilde, Lewis Carroll, Robert Louis Stevenson o Arthur Conan Doyle. Y aún me pregunto el motivo por el que no dediqué mi tiempo a entregarme en cuerpo y alma a Dickens, Wilkie Collins o Anthony Trollope. Estoy tranquila. Lo estoy remediando.


Cómo posaba Wilde

Descubrir lo que realmente era Cumbres Borrascosas, La importancia de llamarse Ernesto o lo que habitaba en el País de las Maravillas me forjó una imagen distorsionada de una nación entera. ¿Y qué más da? Al fin y al cabo era una idea positiva, dentro de la encorsetada moralidad de la época victoriana capitaneada por su reina y los mil defectos del sistema de entonces.

Además de la intrínseca calidad de los textos de esos autores, se les debe una serie de hallazgos no leídos antes de esa época (segunda mitad del siglo XIX). Esto es porque las circunstancias de aquel entonces no se habían producido antes en la historia: la Revolución Industrial, los descubrimientos y teorías científicas que empezaban a crear un clima de escepticismo religioso (aquí entra en escena el amigo Darwin), el ascenso de la clase media y, sobre todo, del empresario-industrial todopoderoso, que dieron pie a una serie de tramas y géneros que antes no se hubieran podido plantear. 


Emily: una de las talentosas hermanas Brontë

Aunque la literatura victoriana abarca poesía, novela y teatro, en estos párrafos me voy a centrar en las novelas, por ser lo que más he leído. Algo que suelen tener en común todas ellas es que se publicaron por entregas, lo cual se nota en la forma de finalizar cada capítulo, son como inconclusos, te dejan con "ganas de más", ansioso por saber cómo sigue la trama. Con respecto a las aportaciones a la historia de la literatura que hicieron algunos de los más prestigiosos representantes del movimiento podemos destacar las siguientes:


Collins: no había misterio que se le
resistiese

Wilkie Collins: a él le tenemos que agradecer la creación oficial de la novela policíaca. Para resolver tramas que en un principio son misteriosas y sobrenaturales, Collins se las apañaba para dar una resolución empírica que te deja aún más sorprendido cuando encajas todas las piezas. Amigo íntimo de Dickens, y consumidor voraz de opio debido a los dolores que le provocaba la gota, a él le debemos títulos como "La dama de blanco", "El hotel encantado" o "La piedra lunar".


Como se puede ver una vez más lo
de los hipsters no es nada nuevo. Por
cierto, es Trollope

Anthony Trollope: En su época lo petó y no entiendo el motivo por el que este genio cayó en el olvido. Menos mal que lo han vuelto a recuperar porque su obra lo merece. Su historia me gusta especialmente porque el amigo Trollope realmente era un funcionario de correos que acabó teniendo un buen carguito y en sus ratos libres creaba unas novelas extraordinarias de temática realista, otras más románticas y alguna de viajes. ¿Su motivación para escribir? Ganar dinerito, cosa que cuando la confesó no gustó a sus seguidores. No lo entiendo. ¿Qué tenía de malo? Lo que me parece genial es que tanto talento se viera recompensado con algo más que el sueldo de funcionario. Pues bien por él. Hagan oídos sordos a la opinión del vulgo y disfruten de "El mundo en que vivimos", "El amor de un hombre de 50 años" o "Las Indias Occidentales y las posesiones continentales españolas". 


Le Fanu: contigo empezó todo

Sheridan Le Fanu: cómo no iba a nombrarle. Este irlandés, al contrario que el "empírico" Collins, fue el pionero del género de terror tal y como lo conocemos ahora. El papá de los cuentos de fantasmas, vaya. Este no le daba ninguna explicación lógica a nada. Muy al contrario, lo suyo era crear atmósferas inquietantes y a veces, hasta ganaba "el malo". Ejemplo de su buen hacer es el clásico entre los clásicos "Carmilla", esa mujer Vampiro que aún me causa zozobra cada vez que acuerdo de ella. (Lo de zozobra es la forma fina de decirlo).


Genio pinturero 

Charles Dickens: A estas alturas de la película no tengo nada que añadir a lo que ya se ha dicho de este MAESTRO de la literatura victoriana en particular y universal en general. Un niño que se crió en la cárcel (en aquella época las familias podían ir a vivir a la penitenciaría donde cumplían condena sus familiares, en este caso el padre de Dickens) sólo podía acabar delinquiendo o hacer algo muuuyyy útil con su vida, como es el caso que nos ocupa. Con su fino humor (inglés) y su capacidad para la sátira, hizo de la crítica social su bandera rebelándose contra un sistema explotador, clasista y especulativo donde las víctimas principales eran los niños. Veo que no hemos avanzado mucho... Me emociona saber que gracias a la influencia y tremenda popularidad de su obra aumentaron las donaciones a orfanatos, los ricachones tomaron conciencia de la más que precaria situación de ciertos estratos sociales y, aunque no fuera la solución mejor, pero hasta los chavales que pedían limosna por la calle recibían mayores óbolos.

¿Y qué es, señoras y señores, lo que MÁS le debemos a Dickens, bajo mi sesgado punto de vista? Quien haya leído un mínimo este blog se lo está imaginando: la creación del concepto de Navidad tal y como ahora lo entendemos. Sí, ya sé que no es el primero que trata esa temática en la literatura pero, gracias a "Cuento de Navidad" y aprovechando la vuelta a la tradición navideña que se vivía en la época victoriana, se alcanzó su definitivo empuje e implantación.  La propia terrible infancia del escritor y la explotación infantil que observaba en fábricas y minas, sirvieron de inspiración para un relato que ha perdurado y se ha revalorizado hasta nuestros días. Había que dar un poco de vidilla e ilusión a esa Inglaterra triste y oprimida en la que sólo unos pocos tenían plenamente cubiertas sus necesidades básicas y este cuento lo cumplió con creces.


En fin, todo esto es sólo una excusa para homenajear a estos autores que a tan altas cotas de creación han llegado. Sumérjanse en las procelosas aguas de la literatura victoriana y gocen de la experiencia. Yo pienso seguir haciéndolo. ¡No me queda ná por leer!