viernes, 8 de mayo de 2026

"La furia de Marte": la mala leche del planeta rojo



Una nave que se había enviado desde la Tierra a explorar Marte regresa solo con dos tripulantes vivos de los cuatro que partieron: la bióloga, en estado de shock por todo lo visto y vivido en el planeta rojo, y el capitán de la nave, inconsciente y con una especie de "blandiblup" pegado al brazo.

Este es el comienzo de la entretenidísima "La furia de Marte" ("The Angry Red Planet"), también titulada "La furia del planeta rojo", rodada en 1959. Su director es I. B. Melchior, que también se puso al mando de "Los viajeros del tiempo" (1964) y es el guionista entre otras de "La carrera de la muerte 2000" (1975) y "Death Race" (2008).

"La furia de Marte" es un clásico para los amantes del cine de Serie B de Ciencia Ficción. Si usted es tan aficionado como yo de las pelis de bajo presupuesto, con naves de cartón piedra, bases científicas y/o militares que parecen más bien una oficina llena de botoncicos y lucecitas de colores, y que los equipos de los laboratorios sean la versión premium del Quimicefa, amigo, esta es su película.

Ay la bióloga, qué mal lo pasa la pobre

Rodada en nueve días y con un presupuesto ínfimo de 200.000 dólares, en esta expedición a Marte encontraremos algunos de los bichos más icónicos del género. No queridos, no, los marcianos no son unos seres verdes chiquiticos y cabezones con ojos de "güever", como nos han hecho creer. Aquí aparecen por ejemplo plantas carnívoras que engullen a una persona de un mordisco, una especie de ameba con coraza y un ojo que gira 360 grados y un murciélago-araña-cangrejo que telita el mal rollo que da. Si viendo a este último bicho en la tele ya da repelús (ayudado además de unos efectos de sonido de lo más loables la verdad), no me quiero imaginar esa cosa es pantalla gigante.

Y aparte de estos diseños tan alucinantes, es digno de destacar que las imágenes "reales" se complementan con unos dibujos animados y unas imágenes fijas, también dibujadas, que aportan mucho y en algunos momentos son fascinantes por su originalidad (recordemos, estamos en el año 59).

El capítulo de las alabanzas la terminaremos indicando que la banda sonora es la típica tópica de este tipo de pelis, compuesta por Paul Dunlap, y que se adapta perfectamente a los sonidos que esperamos dentro de una nave espacial o a la sensación de incertidumbre de explorar un planeta desconocido.

Y vamos con la anécdota más mítica de esta cinta: el fallo en el revelado de un rollo provocó que partes de la "exploración marciana" se vieran con un solo color rojo y te da la sensación de estar viendo la peli con unas gafas de esas 3D del principio de los tiempos, con un papelito rojo en un ojo y otro azul en el otro. 

Ante del desaguisado, Melchior no se vino abajo y tuvo la feliz idea de que las escenas en Marte se revelaran de la misma forma. Y con sus dos... narices, anunció que se habían inventado una nueva técnica: ¡El Cinemagic! ¡Qué poca vergüenza pero qué arte, jajaja! Digamos que la nueva técnica no creó escuela.

Mira, mira qué bonico el Cinemagic

En fin, que es una peli palomitera muy recomendable con, por supuesto, fallos garrafales de los que nos encantan como que, dependiendo de la toma, los astronautas llevan el casco levantado o no mientras que van explorando Marte. Debe ser que según la zona hay atmósfera como la terrestre...

Por cierto, lo de traerse un bicho "pegao" al cuerpo ¿no les recuerda a nada? 

¡Ah, que no se me olvide! El mensaje final de los marcianos me hizo ponerme de pie y aplaudir a rabiar. Parece que Melchior, guionista también de la peli junto con Sidney W. Pink, sabía que en un futuro aparecerían ricachones que, tras cargarse nuestro planeta, parecen dispuestos a salir corriendo, dejarnos el marrón e ir a destrozar otro. Pues ojito miserables, mucho ojito con la furia del planeta rojo.

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